Trufi

Rosa me hizo recordar (luego de mi post sobre los taxis) de la existencia de los Trufis.  Y la verdad es que también me hizo pensar.

Esos trufis, elementos de nuestro diario vivir (también en Santa Cruz), son una muestra de nuestra idiosincracia. ¿Se imaginan, en Europa o Estados Unidos, un auto destartalado (de preferencia Toyota Corolla japonés módelo 80 y pico) transportando a 6 o 7 personas en su interior y haciendo de esto un servicio público amparado por la municipalidad?

Al pensar en las escenas de ascenso y descenso de pasajeros de nuestros tan querido y venerados trufis me imagino a un Garcia Márquez de la post-modernidad boliviana. Realismo mágico.

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